La gran transferencia de riqueza más grande de la historia moverá más de US$83 billones alrededor del mundo durante las próximas dos décadas, según el UBS Global Wealth Report 2025, y las mujeres emergen como las administradoras centrales de una parte crítica de ese capital.
De ese total, US$74 billones se transferirán verticalmente entre generaciones —de padres a hijos—, mientras que US$9 billones lo harán de forma horizontal, es decir, entre cónyuges. Es precisamente en este segundo flujo donde las mujeres tienen el papel más inmediato: dado que en promedio viven más que los hombres y suelen casarse con parejas de mayor edad, muchas quedarán durante años al frente del patrimonio familiar antes de redistribuirlo a sus herederos. Ese intervalo de gestión, multiplicado por decenas de miles de familias con alto patrimonio en todo el mundo, redefine quién toma las decisiones financieras de fondo.
El peso del capital que se acumula
Las cifras proyectadas ilustran la magnitud del giro. Según estimaciones de McKinsey & Company recogidas en el informe de UBS, para 2030 las mujeres en Estados Unidos controlarán US$34 billones en activos invertibles, frente a los US$7.3 billones que gestionaban apenas una década antes. En Europa Occidental, las mujeres poseen actualmente cerca de un tercio de los activos bajo gestión, proporción que las proyecciones llevan hasta el 45% para finales de esta misma década.
«Las mujeres están llamadas a desempeñar un papel central en la Gran Transferencia de Riqueza, tanto como receptoras inmediatas de patrimonio como administradoras a largo plazo para las generaciones futuras», señala Marianna Mamou, responsable de Advice Beyond Investing en el Chief Investment Office de UBS Global Wealth Management y autora del informe. Como punto de referencia demográfico, la esperanza de vida al nacer en la Unión Europea en 2024, según Eurostat, era de 84.1 años para las mujeres y de 78.9 años para los hombres.
Un perfil inversor que la industria subestimó
Durante décadas, la literatura financiera calificó a las mujeres como inversoras «aversas al riesgo». El informe de UBS matiza esa lectura: no se trata de evitar el riesgo, sino de asumirlo una vez que se ha comprendido a fondo cómo una inversión contribuye a los objetivos personales y tras realizar la debida diligencia. La distinción es relevante para los gestores de patrimonio que diseñan estrategias de largo plazo para estas clientas.
Cuando deciden invertir, los datos sugieren que los resultados son sólidos. Un estudio de la Warwick Business School, citado en el informe, concluye que las mujeres superan a los hombres en el rendimiento de sus inversiones en un 1.8% anual. Además, según el UBS Investor Sentiment Survey, el 71% de las mujeres incorpora criterios de sostenibilidad al estructurar sus portafolios, frente al 58% de los hombres, y casi nueve de cada diez declara querer generar un impacto social positivo a través de sus decisiones de inversión. El 70% ha incrementado su apoyo filantrópico en los últimos años, de acuerdo con el mismo sondeo.
Las nuevas generaciones aceleran el cambio
Entre las herederas más jóvenes, el perfil es aún más activo. Las millennials comienzan a invertir a los 27 años en promedio, frente a los 31 años de las mujeres de la Generación X y los 36 años de las baby boomers. Esa anticipación tiene implicaciones directas sobre la acumulación de capital y el horizonte de inversión disponible.
Las preferencias de activos también divergen marcadamente de las generaciones anteriores: el 78% de las inversoras más jóvenes exige que sus carteras incluyan mercados privados y el 74% busca exposición a activos digitales o criptomonedas. En cuanto al impacto, una encuesta de RBC recogida en el informe indica que el 76% de las jóvenes herederas quiere abordar problemas sociales directamente a través de sus inversiones —frente al 59% de la cohorte de mayor edad— y el 65% busca generar un impacto más amplio en la sociedad, versus el 52% de las generaciones previas.
La planificación sucesoria, el eslabón débil
El volumen de capital en tránsito choca con un déficit de gobernanza. UBS advierte en su informe que «muchas familias posponen o evitan por completo estas conversaciones, a pesar de que retrasar el diálogo suele conducir a resultados más complejos y conflictivos». Los activos ilíquidos, los bienes con alto valor emocional y las valoraciones dispares entre herederos generan tensiones que erosionan tanto el capital como las relaciones familiares cuando no se planifica con anticipación.
Para los gestores de patrimonio, la capacidad de facilitar esas conversaciones se convierte en un elemento diferenciador de las relaciones a largo plazo con los clientes, y no en un servicio periférico. En la práctica, esto implica comenzar la planificación sucesoria mucho antes del evento que la dispara, con procesos graduales, transparentes y documentados. La próxima reunión de la Reserva Federal y los movimientos en los mercados de renta fija global seguirán siendo relevantes, pero la variable que determinará la distribución del poder financiero en las próximas décadas ya está en marcha: quién administra el capital y cómo lo hace desde el primer día de la herencia.









