EE.UU. y China están construyendo, de forma deliberada, ecosistemas de inteligencia artificial incompatibles entre sí, lo que convierte la fractura geopolítica de la IA en una división estructural del orden tecnológico global, según el informe «La gran fractura: Cómo EE.UU. y China están dividiendo el mundo de la IA», publicado por Boston Consulting Group (BCG). La conclusión central del estudio es que el dilema para empresas y gobiernos ya no es cuándo adoptar inteligencia artificial, sino con qué bloque hacerlo.
La fractura tiene consecuencias directas para cualquier organización que opere en mercados globales, incluyendo empresas dominicanas y latinoamericanas que dependen de proveedores tecnológicos estadounidenses o chinos para procesar datos, desarrollar productos o automatizar procesos. Quedar atados a un solo ecosistema sin redundancia puede implicar interrupciones operativas si la geopolítica escala.
Dos bloques, dos apuestas distintas
Pese a que ambas potencias coinciden en que la IA es clave para el poder nacional, BCG revela que cada bloque construye su propio stack tecnológico —es decir, el conjunto de infraestructura, modelos y aplicaciones que sostiene la IA— con el objetivo explícito de depender cada vez menos del otro.
EE.UU. sostiene su liderazgo en talento y capital. Desde 2024, ha cerrado más de US$1.5 billones en acuerdos que vinculan laboratorios de IA, diseñadores de chips, hyperscalers (centros de datos a escala masiva) y proveedores de capital en múltiples frentes. El gasto en infraestructura tecnológica de las principales empresas estadounidenses superó los US$400,000 millones en 2025, seis veces más que lo invertido por China en el mismo período, y BCG estima que llegará a US$800,000 millones en 2026.
«Lo que antes era una carrera por desarrollar mejor tecnología, hoy es una disputa por la infraestructura que la sostiene. Con más de 50 GW de capacidad en centros de datos, EE.UU. concentra hoy más capacidad instalada que China y la Unión Europea sumadas, y ese poder de cómputo se ha convertido en una herramienta geopolítica que ningún país puede ignorar», señaló Marcial González, Managing Director and Partner de BCG.
Esa red de alianzas también acumula riesgo, advierte el informe: cualquier tropiezo financiero o de suministro en un actor clave podría propagarse con rapidez al resto del ecosistema estadounidense.
China: velocidad, bajo costo y adopción masiva
China corre por una ruta distinta. Su modelo de mejor desempeño, Kimi K2.6 de Moonshot, opera a US$1.71 por millón de tokens, una fracción de los US$11.25 que cobra GPT-5, gracias al uso extendido de modelos de pesos abiertos —tecnología cuyos parámetros internos son accesibles para terceros, lo que reduce el costo de desarrollo. El país concentra cerca de un tercio de las publicaciones de IA más citadas del mundo y lidera en patentes registradas en el área.
La apuesta doméstica es igualmente agresiva. Se proyecta que China procesará más de la mitad de los tokens de IA del mundo en el segundo trimestre de 2026, pese a representar solo el 17% de la población global. Eso es posible gracias a la iniciativa gubernamental «IA+», que fija como meta una penetración de inteligencia artificial superior al 90% hacia 2030.
El caso Apple ilustra la fractura con claridad. Para su función Apple Intelligence, la compañía opera con dos arquitecturas de IA distintas según el país: en China se apoya en Alibaba, mientras que en el resto del mundo trabaja con OpenAI. No es una preferencia de marca; es la consecuencia directa de dos bloques tecnológicos que ya no son compatibles entre sí.
El control de acceso como arma geopolítica
La disputa también se libra en quién puede acceder a la tecnología más avanzada. En abril de 2026, Anthropic retrasó el lanzamiento de su modelo Claude Mythos para dar tiempo al gobierno de EE.UU. y a empresas seleccionadas a prepararse ante sus capacidades en ciberseguridad. Semanas después, una directiva de control de exportaciones obligó a suspender el acceso al modelo para usuarios extranjeros, dejándolo fuera de alcance para la mayoría de los clientes globales. Para BCG, el episodio confirma que la seguridad nacional ya puede imponerse sobre la difusión global de la IA más avanzada.
Frente a esta división, el resto del mundo busca posicionarse. La Unión Europea apuesta por autonomía a través de Mistral y cómputo soberano; Japón se acerca a EE.UU. mediante inversiones de capital a gran escala; India mantiene relaciones simultáneas con ambos ecosistemas sin comprometerse del todo; y los países del Golfo —como los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— buscan convertirse en hubs de infraestructura que atraigan inversión de ambas potencias.
Ante ese panorama, BCG recomienda a gobiernos y empresas construir resiliencia en tres frentes: redundancia, para no depender de un único proveedor o bloque; modularidad, para poder desconectar y reconectar componentes del stack tecnológico sin quedar bloqueados; y heterogeneidad, para mantener opciones abiertas entre ambos ecosistemas mientras la geopolítica de la IA sigue en movimiento. Para empresas dominicanas que ya integran herramientas de IA en operaciones financieras, logísticas o de servicio al cliente, la elección del proveedor tecnológico se convierte, progresivamente, en una decisión con implicaciones que van más allá de la tecnología.








