El Pentágono adjudicó contratos preliminares a tres empresas para diseñar soluciones que permitan retirar la basura espacial generada por satélites estadounidenses inservibles en órbita, como parte de un programa impulsado por la Defense Innovation Unit (DIU) y la Space Development Agency (SDA). Solo una de las tres firmas llegará a la fase de demostración real en órbita.
La proliferación de desechos orbitales convierte la sostenibilidad del espacio en una preocupación creciente para gobiernos, empresas de telecomunicaciones y operadores de satélites que dependen de esas órbitas para prestar servicios críticos. Desde 1957 se han puesto en órbita aproximadamente 27,490 satélites; de ellos, 18,840 siguen circulando alrededor de la Tierra y 16,000 continúan funcionando. El resto orbita sin control, sumándose a un entorno cada vez más congestionado.
La dimensión del problema
El informe más reciente sobre el medio ambiente espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA) cuantifica la magnitud del desafío: la órbita terrestre alberga 46,250 objetos rastreados, cerca de 1.2 millones de fragmentos de basura espacial de entre 1 y 10 centímetros, y 140 millones de fragmentos de entre 1 mm y 1 cm. A medida que aumenta el número de objetos en órbita, la probabilidad de colisiones catastróficas —que generarían aún más escombros— crece de forma progresiva.
Los satélites en órbita son pilares de la vida moderna: sostienen las telecomunicaciones, la navegación por GPS, la meteorología, la observación de la Tierra y la exploración espacial tripulada. Su acumulación sin retiro ordenado amenaza precisamente la continuidad de esos servicios.
Las tres propuestas en competencia
Firefly Aerospace propone su nave Elytra, diseñada para maniobrar desde la órbita terrestre baja (LEO) hacia el objeto objetivo, inspeccionarlo y completar la desorbitación. El sistema es compatible con órbita baja, media (MEO) y geoestacionaria (GEO). «Firefly es conocida por llevar a cabo algunas de las misiones más difíciles en el espacio, y esta no es la excepción», afirmó Jason Kim, director ejecutivo de la compañía.
D-Orbit Space, marca estadounidense de la italiana D-Orbit, trabaja junto a TransAstra y Falcon Exodynamics. Su propuesta incluye un vehículo propio y la pinza de captura Mantis, de 4 metros. De resultar exitosas las pruebas de acoplamiento y maniobra, la firma planea ampliar su oferta hacia servicios de reabastecimiento, reparación e inspección de satélites.
Katalyst Space aporta experiencia previa en misiones de mantenimiento orbital para la NASA orientadas a extender la vida útil de observatorios espaciales. Su nave robótica NEXUS está concebida para encontrarse con los satélites, capturarlos y desorbitarlos; un único vehículo puede configurarse para realizar múltiples operaciones —incluyendo la captura de más de un satélite— o distintos tipos de misiones a lo largo de su vida útil.
El alcance de la iniciativa
La DIU y la SDA evaluarán los diseños de las tres empresas antes de seleccionar a una sola para la demostración completa en órbita. El programa se enfoca inicialmente en satélites estadounidenses inservibles, lo que delimita su alcance frente a la magnitud global del problema.
Especialistas en política espacial señalan que las iniciativas nacionales, como la planteada por Estados Unidos, son un punto de partida, pero que la eliminación de desechos orbitales es un problema ambiental de dimensiones globales que requiere coordinación internacional. La próxima decisión del Pentágono sobre cuál de las tres empresas recibirá la fase de demostración marcará el ritmo al que esta tecnología podría escalar hacia un uso más amplio.









