El financiamiento de Nvidia por más de US$500,000 millones —anunciado esta semana junto a Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR— encendió las alarmas de Michael Burry, el inversor que anticipó el colapso hipotecario de 2008 y que ahora ve en la estructura los mismos riesgos sistémicos que entonces.
La plataforma está diseñada para que los clientes de Nvidia financien centros de datos, instalaciones de fabricación de chips e infraestructura energética sin absorber los elevados costos iniciales. El financiamiento de Nvidia incluye una cláusula que permite a la compañía ofrecer garantías de hasta el 25% del valor residual de sus procesadores gráficos (GPU) en transacciones individuales, un mecanismo destinado a dar confianza adicional a los prestamistas sobre el precio futuro de sus chips.
El argumento de Burry
«Ese truco de Wall Street de US$500,000 millones de NVDA implica que Nvidia toma participaciones del 25% y provee garantías de valor residual sobre la compra de sus chips. Todo filtrado a través de los esquemas de crédito privado del capital privado», escribió Burry. «Tengo una idea de cómo terminará eso. Conoce al nuevo jefe. Igual que el viejo jefe», en una referencia a los ciclos de crisis financiera.
La crítica apunta a dos frentes. El primero es estructural: Burry sostiene que canalizar ese capital a través del crédito privado —un segmento menos regulado que la banca tradicional y que ha crecido de forma acelerada en los últimos años a medida que los bancos se retiraron del financiamiento de mayor riesgo— reproduce las dinámicas de apalancamiento opaco que caracterizaron al mercado de hipotecas subprime antes de 2008.
La depreciación de los chips como riesgo subyacente
El segundo frente es tecnológico: la lógica de las garantías de valor residual asume que los GPU de Nvidia mantendrán un valor de mercado significativo durante la vida del crédito. Burry ha argumentado en otras ocasiones que los chips de inteligencia artificial podrían depreciarse más rápido de lo que las empresas contemplan en sus modelos, lo que dejaría las garantías —y por ende a los prestamistas— expuestos a un colateral que vale menos de lo previsto.
Nvidia precisó que las instituciones financieras participantes evaluarán de forma independiente la solvencia de cada proyecto y que el capital proviene de terceros, no del balance de la compañía. La acción de Nvidia cedió 0.8% en operaciones previas al mercado este martes, mientras el sentimiento minorista en plataformas de seguimiento pasó de «alcista» a «neutral» en las últimas 24 horas.
El debate sobre la solidez financiera de la infraestructura de inteligencia artificial llega en un momento en que el gasto global en centros de datos registra cifras récord y los reguladores en Estados Unidos y Europa analizan si el crecimiento del crédito privado requiere mayor supervisión. La evolución de los acuerdos proyecto por proyecto —y si las garantías de Nvidia serán efectivamente ejecutadas o permanecerán como letra muerta— será la variable clave que los mercados vigilarán en los próximos trimestres.








