Los bonos del Tesoro de EE.UU. volvieron a tensar los mercados globales esta semana al ubicarse en niveles que no se veían desde la antesala de la crisis financiera de 2008. El martes, el rendimiento del bono a 30 años tocó 5.20% —un techo no visto desde junio de 2007— y el de 10 años escaló a 4.69%. Este miércoles se moderaron ligeramente a 5.009% y 4.481%, respectivamente, con un retroceso de un punto base en ambos casos.
El movimiento no es inocuo: los Treasuries son la referencia con la que se calculan tasas hipotecarias, límites de tarjeta de crédito y costos de financiamiento corporativo en buena parte del mundo. Su salto plantea un escenario en el que el crecimiento global se enfría mientras la presión inflacionaria se mantiene.
Por qué suben los bonos del Tesoro de EE.UU.
Carlos Hernández, director de Análisis de Valdez Capital, atribuye el repunte a tres fuerzas: «ajustes al alza en la expectativa de inflación; retos para el crecimiento económico considerando los retos en costos debido al aumento del petróleo; y posibles movimientos de cobertura y liquidez entre los inversionistas debido a la coyuntura actual». A esto se suman las elevadas necesidades de financiamiento del gobierno estadounidense y la mayor prima de riesgo exigida por los inversionistas para prestar a largo plazo.
El mercado descuenta que la Reserva Federal mantendrá una postura restrictiva durante más tiempo del que se anticipaba, y no descarta nuevas alzas si los precios del crudo se afianzan al alza por la tensión en el Golfo Pérsico y el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Efectos sobre acciones, dólar y materias primas
Enrique Cobarrubias, director de Análisis de Actinver, advierte que «los Bonos del Tesoro son la principal referencia para las tasas globales, por lo que un bono a 10 años cerca de 4.6% y un bono a 30 años alrededor de 5.2% encarecen el financiamiento para gobiernos, empresas y consumidores». El resultado: presión sobre la valuación de activos de riesgo, fortalecimiento del dólar y un rebalanceo de cartera hacia renta fija de corto plazo.
Para Ernesto O’Farrill, presidente de Grupo Bursámétrica, el escenario es «delicado»: «el alto costo del dinero puede servir como un detonante que provoque una corrección en las acciones y, potencialmente, derive en una recesión». En materias primas el efecto es desigual: el petróleo conserva una prima de riesgo geopolítico que sostiene su precio, mientras que el oro y la plata enfrentan vientos en contra por las tasas reales más altas y un dólar firme —activos que no pagan interés pierden atractivo frente a un bono de referencia que rinde más de 5%—.
Lectura para el lector dominicano
Para República Dominicana, el repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. tiene tres traducciones inmediatas. Primero, encarece el refinanciamiento de la deuda externa soberana, que cotiza con un diferencial frente al Treasury. Segundo, refuerza el dólar y por tanto las importaciones —un factor que el Banco Central monitorea de cerca por su efecto sobre el tipo de cambio y la inflación importada—. Tercero, presiona a la baja al oro como cobertura de portafolio, en un mercado local donde inversionistas y bancos múltiples mantienen exposición indirecta a metales preciosos.
Rodolfo Campuzano, director de fondos de inversión de Invex Banco, resume el riesgo: si las tasas largas se aceleran, «se impacta todo tipo de activos, deuda en mercados emergentes, mercado de capitales, crecimiento económico y mercado cambiario». Para quien tenga hipoteca en dólares, tarjeta de crédito internacional o exposición a renta variable de EE.UU., el mensaje es claro: el costo del dinero global está calentando, no enfriándose.
Con información de El Economista (México).







