DIARIO FINANCIERO.- China bloqueó oficialmente la venta de la startup de inteligencia artificial Manus a Meta Platforms por un monto estimado de US$2,000 millones, en una decisión que eleva la tensión en la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China.
La decisión regulatoria fue ejecutada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR), que ordenó la cancelación de la operación bajo el argumento de restricciones a la inversión extranjera. El organismo indicó que la medida responde a “las leyes y normativas vigentes”, sin detallar los riesgos específicos identificados.
El movimiento refleja una línea estratégica clara: proteger activos tecnológicos considerados sensibles, particularmente en el ámbito de la inteligencia artificial.
Un acuerdo que desafiaba el contexto geopolítico
Meta había anunciado en diciembre de 2025 su intención de adquirir Manus, una startup considerada la “nueva DeepSeek”, por su enfoque en agentes de IA capaces de operar como empleados digitales.
La operación era atípica. En medio de un entorno de restricciones cruzadas, una empresa estadounidense buscaba adquirir tecnología china avanzada, un escenario que contradice la tendencia dominante de desacoplamiento tecnológico.
Escalada regulatoria previa al veto
El bloqueo no fue repentino. A finales de marzo, las autoridades chinas prohibieron la salida del país a los cofundadores de Manus, el CEO Xiao Hong y el científico Ji Yichao, mientras se evaluaba la transacción.
El proceso se intensificó tras detectarse el traslado de la empresa a Singapur, un movimiento que levantó alertas regulatorias sobre posibles intentos de eludir controles internos.
Patrón estratégico: IA como activo soberano
El caso Manus se alinea con precedentes recientes. China ya utilizó herramientas regulatorias para frustrar la venta de TikTok durante la administración de Donald Trump.
El patrón es consistente:
evitar que tecnología estratégica —especialmente en IA— pase a control extranjero, incluso a costa de bloquear operaciones multimillonarias.
Implicaciones para el mercado
El veto envía una señal directa a inversionistas globales:
la inteligencia artificial se consolida como un activo geopolítico, no solo económico.
Para empresas como Meta, el episodio redefine el acceso a innovación extranjera. Para China, refuerza su modelo de soberanía tecnológica.
El resultado: un ecosistema global de IA cada vez más fragmentado y regulado por intereses nacionales.







