SANTO DOMINGO.– La capital dominicana enfrenta un evento meteorológico extraordinario tras más de 8 horas consecutivas de aguaceros torrenciales, según explicó el analista climático Jean Suriel.
De acuerdo con el especialista, el fenómeno responde a la combinación simultánea de cinco factores atmosféricos, lo que ha intensificado las lluvias por encima de los patrones normales.
Entre estos elementos se encuentran una vaguada fortalecida, la presencia de abundante humedad marina, el ingreso de aire caliente desde el Mar Caribe, la cercanía del frente frío número 35 y el desarrollo de un sistema de baja presión al norte de la región.
El resultado ha sido un volumen de precipitaciones que ya supera eventos históricos recientes. En el Distrito Nacional se han registrado 408 milímetros de lluvia acumulada, cifra que excede los 267 milímetros del 4 de noviembre de 2022 y se acerca a los 431 milímetros del 18 de noviembre de 2023.

Distribución de lluvias evidencia impacto desigual
Los acumulados muestran variaciones significativas dentro del Gran Santo Domingo:
- Distrito Nacional: 408 mm
- Avenida Independencia: 179 mm
- Guaricano: 95 mm
- Santo Domingo Este: 41 mm
- Zona Colonial: 42 mm
- Gazcue: 35 mm
Estos niveles han generado inundaciones urbanas severas, afectando la movilidad, infraestructura vial y actividades económicas en distintos puntos de la capital.
Actividad eléctrica y condiciones atmosféricas
El sistema también ha estado acompañado de una elevada actividad eléctrica. En las últimas horas se han registrado 229 descargas eléctricas en República Dominicana y más de 18,062 rayos en la región comprendida entre Bahamas, Cuba y el territorio dominicano.
Cambio climático amplifica la frecuencia de estos eventos
Suriel advirtió que este tipo de episodios será cada vez más frecuente debido a los efectos del cambio climático. Las temperaturas más elevadas en el mar Caribe incrementan la cantidad de vapor en la atmósfera, lo que se traduce en lluvias más intensas y concentradas en períodos cortos.
Desde una perspectiva económica, estos eventos representan un riesgo creciente para las ciudades del Caribe, al presionar los sistemas de drenaje, aumentar los costos de infraestructura y afectar la productividad urbana.
El fenómeno actual no solo confirma la vulnerabilidad climática de Santo Domingo, sino que también refuerza la necesidad de inversión en resiliencia urbana y planificación territorial frente a eventos extremos.
















