El Golfo Pérsico vuelve a colocarse en el centro de la economía mundial. Irán advirtió que podría desplegar minas navales en rutas clave si se intensifica el conflicto con Estados Unidos e Israel. La señal es clara: no se trata solo de una respuesta militar, sino de una amenaza directa al comercio energético global.
El mercado ya ha comenzado a reaccionar. Cada declaración eleva el riesgo de interrupciones en el suministro de petróleo y gas, en una región por donde transita cerca del 20% de la energía mundial. La posibilidad de minas a la deriva introduce un factor adicional de incertidumbre que preocupa a navieras, aseguradoras y gobiernos.
Para economías importadoras como República Dominicana, el impacto puede ser inmediato: presión sobre los precios de los combustibles, inflación importada y mayores costos logísticos. La crisis ya no es regional; es un riesgo sistémico con efectos en cadena.
La pregunta ahora no es si habrá impacto, sino qué tan profundo será. ¿Estamos ante una disrupción temporal o el inicio de una nueva fase de inestabilidad energética global?
















