Diario Financiero.- El actor Al Pacino, considerado una de las figuras más influyentes del cine contemporáneo, reconoció que una de las películas más controvertidas de su carrera fue A la caza, estrenada en 1980.
La cinta —conocida internacionalmente como Cruising— estuvo rodeada de protestas incluso antes de su llegada a las salas. Sectores de la comunidad gay de Nueva York se movilizaron contra la producción, al considerar que proyectaba una imagen negativa y estigmatizante.
En ese momento, Pacino defendió públicamente el proyecto asegurando que nunca haría algo que perjudicara a esa comunidad. Sin embargo, décadas después reveló que su percepción personal fue distinta.
La Decisión De Donar El Salario
En sus memorias publicadas en 2024, el actor admitió que consideraba la película “explotadora” y que intentó distanciarse del proyecto incluso antes de que finalizara el rodaje.
Según relató, se negó inicialmente a conceder entrevistas promocionales. Ante la presión de los productores, aceptó realizar algunas declaraciones mínimas, pero dejó claro que no se sentía cómodo con el resultado final.

El gesto más significativo ocurrió tras recibir su pago. Pacino explicó que nunca aceptó el dinero para uso personal. En su lugar, lo depositó en un fondo fiduciario irrevocable, destinado a organizaciones benéficas.
El fondo generó intereses durante casi dos décadas y fue distribuido a distintas causas sociales. El actor subrayó que decidió mantenerlo en privado para evitar que se interpretara como una estrategia de imagen.
“Solo quería que saliera algo positivo de toda esa experiencia”, escribió en sus memorias.
Recepción Y Resultado Comercial
Estrenada el 15 de febrero de 1980, la película tuvo un desempeño comercial aceptable. Recaudó 19,8 millones de dólares en Estados Unidos frente a un presupuesto estimado de 11 millones.
No obstante, las críticas iniciales fueron mayoritariamente negativas. Con el paso de los años, la valoración crítica y académica ha experimentado una revisión más matizada, especialmente en estudios sobre representación y cine urbano de los años ochenta.
Para Pacino, sin embargo, la experiencia quedó marcada como una lección profesional y personal. A diferencia de otros trabajos que aceptó posteriormente por razones económicas, esta fue una decisión artística que, según sus propias palabras, le dejó una “espinita clavada”.
















