Las fuerzas de seguridad de Irán han provocado la mayor matanza de civiles por disturbios internos desde la Revolución Islámica de 1979, según organizaciones internacionales de derechos humanos.
De acuerdo con la organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, al menos 3,428 manifestantes han muertodurante la represión de las protestas antigubernamentales iniciadas a finales de diciembre. La mayoría de los fallecimientos se concentraron entre el 8 y el 12 de enero, en el punto más crítico del movimiento social.
Por su parte, la Human Rights Activists News Agency (HRANA) confirmó 2,615 muertes verificadas, aunque advirtió que el número real podría ser significativamente mayor debido a las restricciones informativas impuestas por el régimen.
La organización Amnistía Internacional acusó al Estado iraní de cometer “asesinatos masivos ilegales a una escala sin precedentes”, citando videos verificados y testimonios que muestran a fuerzas de seguridad disparando rifles y escopetas contra manifestantes mayoritariamente pacíficos.
Apagón informativo y represión judicial
La violencia se desarrolla bajo un apagón casi total de internet, impuesto desde el 8 de enero. El grupo de monitoreo NetBlocks reportó más de 156 horas continuas sin conectividad, lo que dificulta la verificación independiente de víctimas y abusos.
HRANA estima que más de 18,400 personas han sido detenidas, incluidos cientos de menores de edad. El jefe del poder judicial iraní, Gholamhossein Mohseni-Ejei, confirmó la aplicación de juicios sumarios y ejecuciones, afirmando en un mensaje televisado que “si queremos hacer algo, debemos hacerlo rápidamente”.
La ejecución del joven Erfan Soltani, de 26 años, condenado a muerte sin representación legal, fue pospuesta temporalmente tras presiones internacionales, incluidas advertencias directas del presidente estadounidense Donald Trump.
Riesgo geopolítico en aumento
Trump aseguró que recibió información de que las ejecuciones se habían detenido, aunque no descartó una acción militar. En paralelo, Estados Unidos retiró parte de su personal de la base aérea de Base Aérea de Al Udeid, en Catar, como medida preventiva.
Irán cerró brevemente su espacio aéreo, mientras embajadas occidentales redujeron operaciones y varios gobiernos recomendaron a sus ciudadanos abandonar el país. El canciller iraní Abbas Araghchi acusó a Estados Unidos e Israelde orquestar los disturbios.
Las protestas se originaron tras el colapso del rial iraní, que superó 1.4 millones por dólar, y una inflación descontrolada. Para analistas internacionales, se trata del mayor desafío interno al régimen clerical en décadas. Las naciones del G7expresaron profunda preocupación y advirtieron sobre nuevas sanciones si la represión continúa.
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