Diario Financiero.- Irán atraviesa una nueva ola de manifestaciones masivas, las más extensas desde las protestas de 2022, con marchas antigubernamentales en decenas de ciudades y una respuesta represiva intensificada por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre de 2025, inicialmente con cierres del bazar en Teherán, como reacción al colapso histórico del rial, la inflación elevada y el encarecimiento del costo de vida. Sin embargo, en cuestión de días evolucionaron hacia un movimiento abiertamente político, dirigido contra el sistema clerical que gobierna el país.
En los últimos días, las movilizaciones se han expandido de forma simultánea a más de 100 ciudades y pueblos, incluyendo Teherán, Mashhad y centros urbanos en las 31 provincias iraníes. En estas marchas se han escuchado consignas directas contra el líder supremo, Ali Khamenei, y expresiones públicas de apoyo al exiliado Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán.
Dimensión nacional y organización social
Organizaciones de derechos humanos y medios independientes reportan cientos de focos de protesta y huelgas coordinadas, con participación activa de estudiantes universitarios, comerciantes, trabajadores del transporte y sectores profesionales. En varias universidades se han suspendido exámenes y actividades académicas, mientras bazares tradicionales permanecen cerrados como forma de presión económica.
Las manifestaciones también han tenido una fuerte presencia en regiones kurdas y baluches, lo que refuerza la percepción de un movimiento nacional y transversal, y no de protestas aisladas o sectoriales.
Respuesta del régimen y balance represivo
Según reportes de Iran Human Rights y HRANA, la represión ha dejado decenas de manifestantes muertos, incluidos menores de edad, y más de 2,000 personas detenidas. Las denuncias incluyen uso de munición real, golpizas, allanamientos nocturnos y detenciones arbitrarias.
El gobierno ha respondido con cortes de internet a escala nacional, bloqueos de líneas telefónicas y un despliegue masivo de la Guardia Revolucionaria y la milicia Basij. En declaraciones públicas, Khamenei calificó a los manifestantes de “alborotadores” y “mercenarios del enemigo”, reiterando la narrativa oficial de injerencia externa.
Factores estructurales de la crisis
La actual explosión social se produce en un contexto de inflación cercana al 40 %, depreciación acelerada del rial, sanciones internacionales persistentes, además de corrupción estructural y deficiencias de gestión económica, factores que han deteriorado severamente el nivel de vida de la población.
Este malestar se suma al descontento acumulado desde las protestas de “Mujer, Vida, Libertad” de 2022, detonadas por la muerte de Mahsa Amini, episodio que erosionó de forma profunda la legitimidad interna del régimen.
Escenario inmediato
Analistas y organizaciones no gubernamentales describen esta ola de protestas como un posible punto de inflexión, aunque advierten que el régimen mantiene una capacidad de coerción significativa.
En el corto plazo, se anticipa mayor represión, detenciones masivas y nuevos cortes de internet, mientras la oposición intenta sostener la movilización mediante llamados desde el exilio y redes clandestinas dentro del país, en un pulso que podría definir el rumbo político de Irán en los próximos meses.
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