Condenan a 30 años a Amy Hidalgo por el asesinato de Yennely Duarte, un caso que estremeció a Cotuí y reaviva la discusión sobre la violencia entre jóvenes en República Dominicana. El Tribunal Colegiado del Distrito Judicial de Sánchez Ramírez dictó la pena máxima establecida por el Código Penal tras un juicio que dejó al descubierto la brutalidad con la que se cometió el homicidio y las tensiones emocionales que rodearon a las víctimas.
El asesinato de Yennely Duarte: un crimen marcado por saña y celos
El 26 de marzo de 2024, Yennely Duarte Hilario, de apenas 18 años, fue asesinada en una finca del distrito municipal Quitasueño, en Cotuí. De acuerdo con el expediente, Amy Hidalgo Peña —también identificada como Ammy Hiraldo o Ami Hidalgo— recogió a la joven en su vehículo y la condujo hasta un callejón apartado. Allí la atacó con más de 40 puñaladas y la agredió sexualmente, un elemento que surgió durante el proceso como parte de la dinámica del crimen.
Las autoridades indicaron que Hidalgo confesó haber rociado el cuerpo con gasolina sin llegar a prenderle fuego. El ataque, descrito por el Ministerio Público como “extremadamente violento”, estaría motivado por conflictos emocionales entre ambas. Yennely, quien tenía novio, se habría negado a retomar una relación con Hidalgo, lo que habría detonado la agresión. Según la confesión, Hidalgo expresó temor a que la joven revelara la relación a su iglesia, lo que añade un componente emocional y social que se exploró en el tribunal.
Detalles del proceso judicial y confesión de Amy Hidalgo
El caso atravesó varios aplazamientos, en gran medida debido a ausencias reiteradas de la defensa de la imputada. Sin embargo, el juicio de fondo culminó el 1 de diciembre de 2025 con una sentencia de 30 años de prisión, la pena máxima para homicidio en la jurisdicción penal dominicana. La condena deberá cumplirse en el Centro de Corrección y Rehabilitación de Najayo Mujeres.
Durante el juicio, el Ministerio Público presentó pruebas testimoniales, periciales y documentales que sustentaron la acusación. La confesión de la imputada, junto con evidencias recolectadas en la escena y los informes forenses, permitió al tribunal establecer la responsabilidad penal más allá de toda duda razonable. La narrativa del crimen, marcada por saña, celos y frustración, contribuyó al peso de la condena.
El impacto social y la demanda de justicia de la familia
El asesinato generó profunda conmoción en Cotuí y en todo el país, al tratarse de un crimen cometido entre dos jóvenes mujeres dentro de un contexto pasional. El cuerpo de Yennely fue hallado por sus propios padres, un hecho que añadió un componente emocional devastador para la familia y la comunidad. Los parientes de la víctima celebraron la decisión judicial, aunque mantienen la postura de que “Hidalgo no actuó sola”, por lo que insisten en que se investiguen posibles cómplices.
Para líderes comunitarios y organizaciones sociales, la sentencia envía un mensaje contundente sobre la gravedad de los crímenes impulsados por conflictos emocionales no gestionados y la necesidad de fortalecer sistemas de prevención y apoyo a jóvenes en relaciones vulnerables.
Por qué este caso reabre el debate sobre crímenes pasionales en RD
El caso de Amy Hidalgo y Yennely Duarte expone fallas estructurales aún presentes en la prevención de violencia interpersonal entre jóvenes, incluyendo celos, presiones sociales y estigmas asociados a relaciones afectivas no convencionales. Para tomadores de decisiones, el expediente plantea interrogantes sobre el acceso temprano a servicios psicológicos, la educación afectiva y la capacidad de respuesta del sistema judicial ante señales previas de riesgo.
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