Bogotá.— El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ordenó este miércoles la salida inmediata de toda la delegación diplomática de Israel en el país y anunció la denuncia del Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre ambas naciones. La decisión se produce como respuesta a la reciente interceptación israelí de la Flotilla Global Sumud, que transportaba alimentos y medicinas hacia la Franja de Gaza, y a la detención de varios de sus integrantes, entre ellos dos ciudadanas colombianas: Manuela Bedoya y Luna Barreto.
En su cuenta de X, Petro declaró: “El tratado de libre comercio con Israel se denuncia de inmediato. Sale toda la delegación diplomática de Israel en Colombia”. Con estas palabras, el mandatario ratificó la ruptura con el Estado judío, un proceso que había comenzado en mayo de 2024 cuando ya había anunciado el cese de relaciones diplomáticas.
El presidente colombiano también señaló al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acusándolo de cometer un “nuevo crimen internacional” en relación con la operación de la flotilla. Petro ha calificado en repetidas ocasiones al jefe de gobierno israelí de “genocida”, en un tono que refleja la creciente tensión entre ambos Estados.
Además, el mandatario hizo un llamado a la comunidad jurídica internacional: “Invito a abogados internacionales que se pongan al servicio de Colombia, al lado de nuestros abogados”, subrayó. En paralelo, aseguró que el Batallón Guardia Presidencial reforzará la seguridad de la Casa de Nariño, sede del Ejecutivo colombiano, un mensaje que se interpretó como un reforzamiento del clima de confrontación política.
En las calles de Bogotá, un reducido grupo de simpatizantes propalestinos se manifestó en la zona financiera de la capital para respaldar la postura de Petro frente a Israel. Aunque la protesta fue pequeña, evidenció la sensibilidad del tema en la opinión pública.
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Esta medida del gobierno colombiano también se enmarca en un contexto político más amplio. El propio Petro enfrenta críticas internas luego de la reciente revocación de su visa estadounidense, un hecho que ha sido interpretado en algunos sectores como un símbolo de deterioro de sus relaciones internacionales. Aunque el presidente ha insistido en que no le afecta personalmente, sus detractores señalan que esta decisión de expulsar a los diplomáticos israelíes y romper el TLC se asemeja a una política de retaliación.
El debate se intensifica al preguntarse si el presidente colombiano hubiera permitido que otros líderes extranjeros —como Luis Abinader, Donald Trump o Javier Milei— hubiesen viajado a Colombia para pedir a los militares que se desobedeciera al jefe de Estado, una comparación que ha sido utilizada por críticos de izquierda y derecha para cuestionar la coherencia del mandatario.
En definitiva, la decisión de Petro coloca a Colombia en un nuevo escenario de confrontación diplomática. La salida de los diplomáticos israelíes y la denuncia del TLC marcan un punto de inflexión en las relaciones internacionales del país. Si bien la medida es presentada como una defensa de los derechos humanos y una condena a la actuación militar de Israel en Gaza, también genera incertidumbre sobre los efectos que podría tener en el comercio exterior y en la inversión internacional en Colombia.
El desenlace de este episodio dependerá de la reacción de la comunidad internacional y de cómo el gobierno colombiano logre equilibrar sus principios políticos con los intereses económicos y diplomáticos del país. Por ahora, la decisión refleja un cambio de rumbo que redefine la política exterior colombiana en un contexto de tensiones crecientes en Medio Oriente y de reacomodo de alianzas en América Latina.
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