El líder histórico del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, se declaró culpable de dos cargos de narcotráfico y crimen organizado ante un tribunal federal en Nueva York el pasado 25 de agosto, cerrando así más de medio siglo al frente de una de las organizaciones criminales más poderosas del hemisferio.
La declaración ante la justicia
Zambada, de 75 años, admitió ante el juez Brian Cogan haber fundado y dirigido el cártel por más de cinco décadas, traficando millones de kilos de cocaína, heroína y fentanilo desde México hacia Estados Unidos. Reconoció además haber pagado sobornos sistemáticos a políticos, militares y policías mexicanos, en lo que constituye una de las confesiones más directas sobre la relación entre narcotráfico y corrupción en la región.
El capo aceptó cargos por conspiración criminal continua y por liderar una empresa delictiva, delitos que conllevan cadena perpetua obligatoria, y renunció a su derecho de apelación.
Sentencia y confiscación de bienes
La sentencia fue programada para el 13 de enero de 2026. El Departamento de Justicia de EE.UU. informó que Zambada deberá entregar aproximadamente US$15,000 millones en activos, acumulados a lo largo de su carrera criminal.
Fiscales estadounidenses calificaron la admisión de culpabilidad como el final de “la última gran era de los capos de la vieja guardia” y una victoria histórica contra el crimen organizado.
Impacto y confesiones
En su declaración, Zambada pidió perdón por la violencia y los daños generados por el narcotráfico, reconociendo su responsabilidad en el sufrimiento de comunidades en México, Estados Unidos y otros países.
Se presentó como un hombre mayor y frágil, pero con serenidad al admitir el colapso de su figura como líder intocable del narco. “El Mayo” aceptó que su organización, además de traficar drogas, operó con un entramado de corrupción que le permitió sostenerse durante décadas.
Fin de una etapa
La confesión de Zambada marca un hito en la lucha contra el narcotráfico en el continente, al ser uno de los últimos jefes históricos que permanecía en libertad. Analistas consideran que su caída cierra un ciclo y abre interrogantes sobre el futuro del crimen organizado en México, donde nuevas generaciones de cárteles disputan territorios y rutas de tráfico.
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